Tendón de Aquiles

¿Cómo sé si me he roto el tendón de Aquiles?

¿Cómo sé si me he roto el tendón de Aquiles?

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“Estaba jugando y de repente sentí como si me pisaran muy fuerte; en ese momento ya sabía que me había roto del tendón de Aquiles”. Laura Gil es jugadora del equipo femenino de Valencia Basket y paciente del Hospital IMSKE.

Aunque puede afectar a cualquiera, la rotura del tendón de Aquiles es una lesión con mayor prevalencia entre personas que practican deportes de impacto.

El tendón de Aquiles es un fuerte cordón fibroso que conecta los músculos de la parte trasera de la pantorrilla con el hueso del talón. Cuando se estira excesivamente, puede desgarrarse hasta romperse. La rotura puede ser total o parcial.

Pablo Martínez, fisioterapeuta al frente del Servicio de Fisioterapia del Valencia Basket y el responsable de fisioterapia y readaptación del Hospital IMSKE.

“En ocasiones, cuando el tendón de Aquiles se rompe la persona suele tener la sensación de que ha recibido un golpe en la zona y se gira para ver quien ha sido”, explica. “Inmediatamente después aparece un dolor agudo en la parte trasera del tobillo y la pantorrilla, que genera una impotencia funcional que impide poder andar”.

¿Cómo sé si me he roto el tendón de Aquiles?

Cuando se rompe el tendón de Aquiles, no siempre se dan las señales que confirmarían su rotura. Pero sí existen síntomas recurrentes como:

  • Sensación de haber recibido un golpe en la pantorrilla
  • Dolor intenso  e hinchazón cerca del talón
  • Imposibilidad de «empujar» para dar el paso
  • Perdida de la tensión a la palpación característica del tendón
  • Imposibilidad de ponerse en puntillas de pie
  • Ocasionalmente un chasquido cuando ocurre la lesión

¿Qué movimientos ponen en riesgo el tendón de Aquiles?

El tendón de Aquiles es crucial para caminar ya que empuja el pie hacia adelante al andar.

Lo más habitual es que la rotura afecte a la parte del tendón que se encuentra a 6 cm. del punto en el que el tendón se une al hueso del talón. Esta parte puede tender a romperse porque es la zona que recibe menor aporte de flujo de sangre y que influye negativamente en su capacidad de regeneración, poniéndola en mayor riesgo.

Generalmente, las roturas se producen por un aumento repentino de la tensión realizada por el tendón de Aquiles. Los casos más frecuentes son:

  • Incrementar la intensidad de la actividad deportiva, sobre todo, en deportes que implican saltar
  • Realizar deportes explosivos después de tiempo sin entrenar
  • Caer de lo alto
  • Pisar un hoyo que lleve al pie a excesiva dorsiflexión estirando el tendón de Aquiles repentinamente

Rehabilitación tras la cirugía en IMSKE

Las personas que pasan por quirófano tras una rotura del tendón de Aquiles precisan iniciar un proceso de rehabilitación. “El primer paso es bajar la inflamación y muy poco a poco, siempre confirmando el estado del paciente con una ecografía, trabajar para que vuelva a recuperar la movilidad, la fuerza y la confianza para tolerar la marcha”.

“Nos centramos mucho en la articulación del tobillo y en la musculatura del pie; se trata de recuperar fuerza y movilidad”, explica Guillermo Bosch, fisioterapeuta del Hospital IMSKE.

Sin embargo, para recuperar la movilidad el trabajo debe extenderse más allá del tobillo y pie. “Trabajamos también a parte de la musculatura relacionada directamente con la lesión como el gemelo y sóleo, toda el resto de la musculatura de la pierna que ha disminuido su capacidad de trabajo por el reposo realizado. Aprovechamos también para mejorar las capacidades físicas generales del paciente con un trabajo global”.

El hecho de reunir en un mismo centro a traumatólogos, fisioterapeutas y readaptadores permite al equipo médico de IMSKE ofrecer una cobertura multidisciplinar en procesos que precisan de mucha paciencia y esfuerzo para sanar como es el caso de la rotura del tendón de Aquiles.

Si bien cada caso evoluciona de un modo u otro, en términos generales la rehabilitación tras la rotura del tendón de Aquiles en aras de volver a caminar con seguridad suele extenderse en torno a 3 meses. 

La actividad deportiva deberá aplazarse dependiendo de la evolución, siendo los 6-8 meses un plazo razonable para iniciarla.

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